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08 Oct 2008
Cómo echar la tarde con los amigos y perder la amistad a cambio

La aparición del Street Figther en el panorama de los videojuegos dejó la simiente lista para una ulterior generación de juegos de pelea. Si bien la primera versión del Street Figter dejaba mucho que desear, la posterior evolución de este tipo de juegos resulta asombrosa. De las patadas en dos dimensiones a los combos de 13 golpes en 3D.
Yo me jacto de ser uno de los mejores jugadores de Street Fighter II, y quien no se fie que empuñe un mando de nintendo 16 bits y me rete. La cuestión es que el salto tecnológico me ha dejado cojo. Este fin de semana he comprobado el poder del Tekken 5 ( un juego con más partes que Star wars). Todo apuntaba a una tarde amena en compañía de amig@s cercanos: una velada tranquila a base de cena china y charla de sobremesa. Pero no. Algún ojo aguileño divisó, debajo del sofa, la bolsa de plástico que contenía mi playstation II, y sugirió "echar unas partidillas". El pueblo se resignó y comenzamos a darle a la tecla. Por petición popular se eligió el Tekken 5 para derramar adrenalina (y alguna que otra gota de saliva).
Al parecer este juego es apto para cualquier tipo de persona, independientemente de las veces que haya jugado a la consola o al juego. La fórmula para acabar con tus adversario es hostigar todos los botones del mando dualshock hasta que el personaje empiece a hacer magias asombrosas que desgastan la mitad de la barra de energía del contrincante. Así fue como mi novia me ganó. Ella, ludista congénita, ella detractora de los juegos, ella que sólo conoce al Tetris arcade, me venció a mi, ¡oh señor del Street Fighter II!.
La escena se repitió en varias ocasiones. Varios amigos fueron pasando por la piedra ante las despiadadas artes de mi chica que cada vez se mostraba más sanguinaria. Finalmente alguién cuestionó el estilo en el juego de Henar (mi media naranja) y se abrió la caja de Pandora. La rabia y las descalificaciones volaron por mi salón hasta que el alma de la sensatez, uséase yo, hizo las veces de mediador diplomático. Haciendo uso de mi soberanía sobre la consola, decidí acabar con el juego y sustituí el Tekken 5 por un reality sobre el sexo pervertido que emitía callejeros. Por suerte para todos, la dopamina generada por la caja boba calmó los ánimos del personal que se relajó contemplando con ojos bobinos aquella ofensa visual.
Y colorín, colorado, con el Tekken 5 hemos topado.
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minijuegos dijo
Yo también he perdido varios amigos, pero con el Street Fighter II'!
un saludo
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