Misterios del Mundo
04 Ago 2008
LOS DIOSES QUE BAJARON DE SIRIO
LOS DIOSES QUE BAJARON DE SIRIO
El reciente descubrimiento de que Sirio es, en verdad, un sistema estelar triple, está levantando todo tipo de controversias. Y es que, lo que nuestra astronomía acaba de reconocer, era ya sabido por pueblos antiguos como los egipcios o la tribu de los dogones en Malí. Y lo sabían, al parecer, porque un día descendieron unos "dioses instructores" de ese sistema y se lo contaron.

La noticia nos sobrecogió. Dos investigadores franceses, D. Benest y J.L.Duvent, hacían público hace escasas semanas el resultado de sus últimas investigaciones en torno a la estrella, la más brillante del firmamento y ubicada a unos 8,7 años luz de la Tierra. Según sus conclusiones Sirio es, en verdad, un sistema estelar formado por tres estrellas y no por dos, como desde mediados del siglo pasado asegura nuestra astronomía; y lo pudieron averiguar al estudiar con detenimiento las variaciones en la órbita del sistema de Sirio desde 1862 hasta nuestros días, lo que les llevó a pensar que un tercer cuerpo estelar estaba influyendo en su recorrido. Benest y Duvent dedujeron, además, que la nueva Sirio C es una nenana roja, una clase de estrella quinientas veces menos masiva que el Sol y muy poco brillante, para cuyo descubrimiento óptico -que todavía no se ha confirmado- ser necesario utilizar los más potentes telescopios en un futuro inmediato.
Pero lo que realmente nos sobrecogió de la noticia fue que la conclusión a la que han llegado estos dos investigadores galos recientemente, era ya de sobra conocida por algunos de los pueblos más antiguos de África, como los egipcios y los dogones. Estos últimos, que actualmente viven en la planície de Bandiagara, en las montafias Hambori de Mali veneran desde tiempos inmemoriales a la estrella Sirio a la que parecen conocer hasta en sus detalles más íntimos. En 1931 el antropólogo francés Marcel Griaule visitó por primera vez a esta tribu, descubriendo que en sus tradiciones más sagradas y secretas se hablaba de una estrella compañera de Sirio, a la que llamaban Po Tolo, y de la que sabían que tarda cincuenta años en completar una órbita en torno a ésta y que, además, es extraordinariamente densa, lo que es rigurosamente cierto. Por si esto fuera poco, los dogones sabían de la existencia una tercera estrella a la que llaman Emme Ya (y que corresponde a la recién descubierta Sirio C), de la que dicen es "cuatro veces más ligera que Po Tolo aunque que tarda el mismo tiempo que ésta en completar su órbita alrededor de Sirio A.
Aquellos conocimientos, que Griaule completó quince años más tarde con otras investigaciones de campo que realizó junto a la etnóloga Cermaine Dieterlen, fueron considerados en principio pura mitología; pero aún con todo, en medios académicos, escépticos como E.C. Krupp, director del Observatorio Criffith de Los Ángeles y uno de los m s reconocidos especialistas mundiales en arqueoastronomía, reconocieron que -además de su conocimiento sobre Sirio- era difícil explicar cómo conocían también los anillos de Saturno o las cuatro lunas galileas de ]úpiter, descubiertas por Galileo Galilei siglos después de que los dogones hablasen de ellas, gracias a su primer telescopio.
LOS ORIGENES DEL SABER
Además de los dogones, otros pueblos vecinos como los Bambara, los Bozo de Segu y los Miniaka de Kutiala, comparten desde tiempos inmemoriales idénticos conocimientos sobre Sirio, en torno a cuyo sistema gira buena parte de la vida ritual de estas gentes. Cada cincuenta años, por ejemplo, y cumpliendo estrictamente con el "ciclo u ¢rbita de Sirio B alrededor de Sirio A, estas tribus celebran sus ritos de renovación a los que llaman Fiestas Sigui, en honor a Sigui Tolo que es como conocen a Sirio A. Es entonces cuando elaboran complejas máscaras de madera para celebrar la entrada del nuevo ciclo, que después almacenan en un lugar sagrado y donde los arqueólogos han podido encontrar piezas que datan, al menos, del siglo XV Ahora bien, ¿de dónde obtuvieron los dogones en ‚ época tan remota sus precisos conocimientos astronómicos?
Griaule y Dieterlen prefirieron limitarse a describir aquello que les fue transmitido por los hogon, o jefes de cada pueblo iniciados en el secreto de Sirio, sin hacer una valoración de sus hallazgos. Pero en 1970 Cenevieve Calame-Griaule publicó en un libro que tituló Génesis Negro, algunas de las notas que su padre Marcel no se atrevió a dar a la luz. En ellas se describía c¢mo los dogones creían en un dios hacedor del Universo al que llaman Amma, que mandó a nuestro planeta a un dios menor, al que conocen como Nommo, para que sembrara la vida aquí. Nommo descendi¢ a la Tierra y trajo semillas de plantas -describe una de las tradiciones recogidas por Griaule de boca de un hogon llamado Ogotemmeli-, que habían ya crecido en campos celestes... Después de crear la Tierra, las plantas y los animales, Nommo creó a la primera pareja de humanos, de los que más tarde surgirían ocho ancestros humanos, que vivieron hasta edades increíbles.
LA CONEXION EGIPCIA

De Nommo, los dogones dicen también que era una criatura anfibia -probablemente muy parecida al dios babil¢nico Oannes-, y que regresó al cielo en un arca roja como el fuego después de cumplir con su tarea. Pues bien, con todos estos datos, en 1976 Robert K.C. Temple, un lingüista norteamericano miembro de la Royal Astronomical Society británica y afincado en Londres, publicó un osado libro que tituló El Misterio de Sirio, en el que aventuró que Nommo fue un extraterrestre que dejó en la Tierra, hace entre siete y diez mil años, toda clase de pistas sobre su origen estelar. "Cualquier otra interpretaci¢n de las citadas pruebas no tendría sentido, concluyó Temple. Y quizás no le faltase raz¢n, pues sus argumentos,lejos de haber sido refutados con el tiempo, se ven reforzados por descubrimientos como el de Sirio C que ya anunció en su obra hace casi veinte años. Pero el conocimiento del sistema triple de Sirio no fue patrimonio exclusivo de los dogones y de los pueblos vecinos, lo cual nos obliga a abrir aún más el radio de esa supuesta influencia extraterrestre en el pasado. Los antiguos egipcios, por ejemplo, mostraban una gran veneración hacia la "estrella del Perro o Sirio, que se encuentra en la constelación del Can Mayor. Fue sir Norman Lockyer, astronómo británico fundador de la revista Nature, el primero en darse cuenta de que muchos templos egipcios estaban alineados hacia Sirio, cuya aparición y desaparición en los cielos sirvió como base a uno de los dos calendarios usados en Egipto. El primero de ellos era de uso popular y de escasa complejidad matemática estableciendo la duración del año en 365 días exactos, pero el basado en Sirio además de servir para fechar cuestiones sagradas y dinásticas, se fundamentaba en observaciones astronómicas extraordinariamente precisas y establecía la duraci¢n del año en 365,25 días. Se comprobó, por ejemplo, cómo muchos de los templos egipcios, orientados hacia el sol naciente (lo que dio pie a que los arqueólogos especulasen con la existencia de una religión solar), estaban flanqueados por dos obeliscos que, ubicados en un lugar previamente determinado, servían a los sacerdotes para ver sobre la línea del horizonte por donde salía el sol a lo largo del año, pudiendo marcar así el inicio de los solsticios de verano e invierno. Aquel control del Sol sirvió a los egipcios para comprobar que había un día en el que Sirio y el Sol salían por el mismo punto. Comprobaron igualmente que cada cuatro años Sirio se retrasaba un día en acudir a su cita, lo que originó el ciclo de Sirio o sóthico en honor de la diosa Isis o Sothis que se cumplía cada 1460 años; es decir, pasado ese periodo de tiempo el calendario sóthico y el vulgar volvían a coincidir al inicio del año nuevo (1460 años X 0,25 días de error = 365 días). Este calendario sóthico ha permitido fechar con precisión acontecimientos que su cedieron 43 siglos antes de Cristo, lo cual demuestra que hace ya más de cuatro mil años los egipcios conocían estos ciclos. ¿Cuándo, pues, hicieron ‚ éstos sus observaciones de Sirio para establecer su calendario? ¿Acaso fue este un conocimiento llegado por los mismos dioses de los dogones y una nueva pista sobre su origen? La identificación de Sirio con la diosa Isis (la Señora de los Dos Fuegos), refiriéndose a sus dos estrellas más grandes, A y B) fué confirmada hace ya varias décadas por los estudiosos Otto Neugebauer y Richard Parker, Lo que nunca supieron interpretar fue el por qué‚ en la iconograféa egipcia Isis iba a menudo acompañada de las diosas Anukis y Satis, que ahora, desde luego, pueden entenderse como Sirio B y Sirio C. Otra clave simbólica puede tener que ver con Osiris, mitológicamente hermano y compañero de Isis y encarnación de la Tierra, cuyo nombre en jeroglífico es representado frecuentemente como un ojo sobre o bajo un trono, lo que podría dar lugar a pensar en la rotación de nuestro planeta (y, por ende, de todo el sistema solar) en torno a Sirio. No en vano Kant definió a Sirio como "el Sol de nuestro Sol", hipótesis que llevó a muchos astrónomos decimonónicos a establecer la distancia entre Sirio y nosotros como "unidad astronómica. Y lo chocante es que los dogones conocían a Sirio A también como la "estrella sentada". ¿Simple casualidad?
LAS PIRAMIDES APUNTAN AL CIELO
A ella no puede, desde luego, recurrirse cuando se averigua -como hizo el astroarqueólogo ruso Vladimir Rubtsov- que el antiguo vocablo iranio que se usaba para referirse a Sirio era Tistrya, palabra que se origina en el vocablo sánscrito Tri-Stri, y que significa tres estrellas! Es decir, que el conocimiento de que Sirio es un sistema estelar triple fue casi universal en nuestro más remoto pasado. ¿Pero por qué? ¿Quién difundió
semejante "secreto"? Los egipcios posiblemente hicieron evidente ese secreto en la meseta de Giza, junto a El Cairo, precisamente gracias a las tres monumentales pirámides que allí pueden contemplarse. No en vano cada día somos más quienes creemos que la Gran Pirámide fue en verdad un templo -y no una tumba- dedicado a Isis, la diosa que encarna a Sirio A, y en cuyas medidas y proporciones fundamentales se encuentran encerrados saberes relacionados con el monumento original de la pirámide de Micerinos, antaño cubierta por losas de granito de este color, Por la misma regla de tres, la ciencia algún día podría llegar a comprobar que las tres pequeñas pirámides satélite que hay junto a la de Keops representan tres planetas junto a Sirio A, al igual que las otras tres pirámides menores que flanquean a Micerinos (Sirio C). Curiosamente esta disposición no sitúa ninguna pirámide menor junto a Kefrén, quizá por lo que los astrónomos ya saben: el enorme peso gravitacional de Sirio B hace imposible que ningún planeta orbite en torno suyo sin ser fatalmente atraído hacia la estrella.
Frente a esta hipótesis, en el último año se ha acuñado otra no menos interesante. En 1994 los investigadores Robert Bauval y Adrian Gilbert hacían público que tres de los cuatro canales de ventilaci¢n de la Gran Pirámide estuvieron orientados hacia estrellas concretas, Así el canal norte de la cámara del Rey miró hacia Alpha Draconis, el canal norte de la cámara de la Reina hacia la estrella más baja del cinturón de Orión (las tres estrellas centrales de la constelación) , y el canal sur de esta misma cámara hacia Sirio. Su particular "descubrimiento" les llevó a formular su aventurada "teoría de la correlación con Ori¢n" de la que se desprende que las pirámides de Giza son una réplica exacta del cinturón de Orión y que el Nilo así como el resto de pirámides egipcias ocupan los lugares correlativos a la Vía Láctea y otras estrellas importantes, Pero hay más. La orientación de los canales de la Gran Pirámide corresponde -según Bauval y Gilbert- a la posición de las tres estrellas citadas en el 2450 a.C" aunque la ubicación de las pirámides marca el lugar del cénit donde estuvo Orión en el 10450 a.C.
UNA ESTRELLA FASCINANTE
Lo que proponen ambos investigadores para explicar esta diferencia cronológica es que, si bien la Gran Pirámide fue erigida en el 2450 a.C. (perpetuando así la falsa tesis arqueológica oficial de que fue construída por Keops), en cambio conmemoran un acontecimiento remoto que tuvo lugar en el 10450 a.C. Pero, ¿cual? Independientemente de cual de las dos hipótesis para la disposición de las pirámides de Giza est‚ más próxima a la verdad, lo cierto es que la vinculación de Sirio y Orión, al menos desde un punto de vista astronómico, es innegable, pues los egipcios sabían que Orión se perdía tras el horizonte una hora antes que Sirio, lo que sirvió de referencia también para el establecimiento del calendario sóthico. En definitiva, pese a toda la evidencia expuesta, los historiadores prefieren seguir ignorando el porqué de la fascinación que ejerció sobre los egipcios (y sobre otros pueblos tan alejados de ellos como chinos o dogones) la estrella Sirio, aunque todos ellos se esforzaron en aclararnos estas dudas en sus templos y mitos: sus "dioses instructores" descendieron un día lejano de aquel sistema triple y habitaron quizá entre nuestros antepasados.
Artículo aparecido en la revista Año Cero en Mayo de 1995. Autores: Javier Sierra y Manuel J. Delgado.
Fuente: http://www.geocities.com/Athens/Thebes/1340/27/27.html
LA INCREIBLE TECNOLOGÍA EGIPCIA
LA INCREIBLE TECNOLOGÍA EGIPCIA
No importa los años que el hombre lleve investigando esta antigua civilización: los enigmas siguen superando a las respuestas. Sin embargo, las inscripciones en la tumba de un faraón pueden arrojar luz sobre muchos interrogantes. Aquí se expone una revolucionaria hipótesis sobre el pueblo del Nilo, muy alejada de las teorías arqueológicas tradicionales.
El Valle de los Reyes fascina por mil razones: las maravillas allí encontradas han animado la codicia y la vanidad de muchos. Oro y riquezas, honor y gloria. Yo había recorrido sus serpenteantes caminos, compartiendo con cada infructuosa perforación la ilusión de búsqueda de anónimos románticos. Y fue entonces cuando mi mirada se detuvo casualmente ante las inscripciones de una tumba. Sin saber muy bien por qué, me llamó poderosamente la atención. Ya conocía la tumba de Ramses VI de otras ocasiones y el principal motivo de mi nueva visita era disfrutar a la sombra del mausoleo, de una botella de agua adquirida tras cinco minutos dedicados al regateo, y olvidarme de los 53 grados que esperaban para seguir cobrándome el peaje de tránsito por el Valle de los Reyes.
Eran las cuatro de la tarde. Mis guías gritaban indicándome el inminente cierre del recinto pero yo, simulando no entenderles, continué hacia dentro. Un largo pasillo, una antesala, una sala de pilares, un segundo pasillo, una segunda antesala y, por fin, la sala del sarcófago. Allí, la mente se abstrae en el tiempo y uno puede contemplar a los antiguos egipcios decorando techos y paredes. El faraón había muerto y la casta sacerdotal dirigía las operaciones. Los obreros seguían sus consignas, quizás ignorando el significado de los grabados que realizaban -que incluian textos de libros sagrados, y signos de dudosa interpretación-, reservados únicamente para la comprensión de unos cuantos elegidos. Emprendimos la salida hacia el exterior, y fui quedándome rezagado sobre los tramos de escalera de la segunda antecámara. Esta, de unos quince metros de longitud, estaba iluminada sólo por cuatro fluorescentes de 25 watios. No obstante, podían verse unas figuras en el techo que parecían llenas de vida. Debí permanecer allí unos minutos, hasta que mis acompañantes regresaron por mi, y advinando mi interés, intentaron ganarse una propina con todo tipo de explicaciones. - Es la representación de la creación del disco solar. -- ¿Qué es eso del disco solar?- dije, --Pues la veneración al Sol, benefactor de las cosechas. --Pero este Sol no ciega, pues le están mirando; no está lejos, parece que lo tocan, en el aparecen cabezas, es como si estuviese habitado... No supieron qué contestarme y apelaron a las inciertas creencias religiosas de la época. Me mostré conforme, para que se callaran: no podía perder tiempo. El guarda amenazaba con dejarnos encerrados. Me arrojé al suelo, donde deposité la cámara. La falta de luz me obligaba a exposiciones entre ocho y doce segundos, pues el uso del flash está prohibido. Impresioné mi último rollo de película, y las copias salieron con la tonalidad verde del fluorescente, más o menos nítidas pero, sin lugar a dudas, sorprendentes. Lo que en un principio era sólo intuición fue pronto tomando forma, aunque las dudas me asaltaran contínuamente. La tumba de Ramses VI es una de la más visitadas por su conservación, belleza y proximidad con la famosa tumba de Tutankamon. Era imposible que nadie hubiese reparado en el techo de la segunda antecámara; o pudiera ser que mi interpretación no fuera tan evidente como llegué a pensar. Pero los enigmas de Egipto cabalgan a lomos de las hipótesis. Los millones de libros escritos sobre el tema son la más clara prueba del desconcierto reinante, donde casi todo tiene cabida.
Si las pirámides de Giza hubiesen sido destruidas por un terremoto y sólo se conociese su existencia a través de leyendas o papiros, muchos dudarían de su existencia. Pero están ahí, como también lo están las inscripciones de la tumba de Ramsés Vl, desafiándonos a todos con su mensaje escondido entre trazo y trazo. La verdad tardará mucho tiempo en saberse. En este artículo apunto una posibilidad fruto de mi apreciación subjetiva, con la elemental prudencia de reconocer que hay gentes más doctas que yo, que podrán confirmar o desmentir lo que aquí expongo. No se comprende cómo en el Egipto anterior al año 5000 a. de C. no se han encontrado huellas de algún tipo de civilización. Inesperadamente, un pueblo primitivo empieza a construir edificios, a utilizar la escritura y demuestra poseer increíbles conocimientos científicos. Egipto, al igual que otras culturas, se convirtió casi de un día para otro en una civilización superevolucionada.
EVOLUCION HACIA ATRÁS
Y posteriormente, sucedió lo contrario: yendo contra la propia naturaleza humana, involucionó tecnológicamente. Resulta paradójico que las pirámides más antiguas sean las más grandes y más perfectas. El faraón Niuserre, sólo 130 años posterior a Keops, no pudo levantar la suya más de 50 metros. Y es raro que en sólo un siglo los egipcios olvidaran cómo se construye una pirámide, cuando lo lógico habría sido que en esos años hubieran perfeccionado la técnica. O pudiera ser que las pirámides de Giza sean más antiguas de lo que se piensa, y tan alejadas en el tiempo como para que los faraones desconociesen cómo se construyeron.Tan sólo en las primeras dinastías egipcias podemos encontrar artesanos de rocas de extrema dureza, como el pórfido o la diorita; constructores que trabajaban con precisión de décimas de milímetro; obreros que efectuaban taladros con herramientas sesenta veces superiores a las modernas; técnicas de rejuvenecimiento y de cambios biológicos cercanas a la ciencia ficción; un conocimiento astronómico sólo adquirido en este siglo; una medicina que los griegos adoptarían miles de siglos más tarde, y otras muchas cosas. Si, como todo indica, se produjo una involución en la tecnología egipcia, habría que preguntarse los motivos. Y probablemente no exista una única respuesta, ya que la marcha histórica de Egipto se manifiesta de distintas maneras: desde la tradición religiosa admitida como dogma de fe sin comprender su significado, hasta la intuición de que ciertos iniciados sí conocieron parte de un saber que aún hoy nos desconcierta. La tumba de Ramsés Vl podría revelarnos algo, pero existen puntos oscuros que no cuadran entre sí. Todos los cabos sueltos, atados convenientemente, dan solidez a la deducción de que en el Antiguo Egipto, como en otros pueblos de los albores de la humanidad, ciencia y religión fueron lo mismo. Porque tuvieron un mismo origen. CREENCIAS REMOTAS
No hay que hacer demasiado caso al historiador Manetón cuando afirma que antes de Menes, primer faraón de la primera dinastía y unificador del Alto y Bajo Egipto, hubo un reinado de los dioses que duró 13.900 años, seguido de un periodo de 11.000 años regido por los semidioses. Lo que sí está claro es que Menes ya heredó creencias de tiempos más remotos. Su tradición religiosa se remontaba al mito de Osiris, que vino del cielo casándose con su hermana Isis y engendrando a Horus, el cual se mezcló con la población y tuvo descendencia. Por ello, los egipcios creen ser hijos de los dioses, de los faraones, ya que posteriormente dichos regentes llegaron a tomar el rango de deidad. Este mestizaje cósmico-terrenal no es único. Osiris fue copiado por los griegos con el nombre de Cronos, y este mismo dios fue el Saturno de los romanos, hijo de Urano, dios del cielo, y Gea, diosa de la tierra: dioses que se mezclan con criaturas terrestres para dar a luz a seres pensantes evolucionados. Tampoco hay que caer en la credulidad; no obstante, veamos hacia dónde conduce esta pista. Si realmente ocurrió aquel mestizaje ¿quiénes eran esos dioses y cómo llegaron? Para saberlo, tenemos que ponernos en el lugar de los hombres que vieron o creyeron ver el descenso de los seres celestiales. Si es cierto lo escrito en los textos antiguos de todas las partes del mundo y, efectivamente, los dioses bajaron a la Tierra, cabe pensar que para ello utilizaron un medio de transporte; o quizá el hombre antiguo les atribuyera algún vehículo estelar. Los egipcios más antiguos no conocían otro medio de transporte que la barca. No tenían referencias de la rueda ni de la tracción animal. Entonces, ¿cómo representar un vehículo aéreo? Muy sencillo: añadiendo alas a la barca. En la tradición cristiana, también los seres que tenían que ver con el cielo eran representados con alas. Y la palabra ángel proviene del griego angeloi que, misteriosamente, significa "enviado" o "mensajero". La barca solar está dibujada y esculpida en gran parte de los monumentos egipcios desde la I Dinastía. Pero, más adelante, evoluciona sospechosamente y se transforma en el "disco solar alado", presente en numerosas tumbas, incluida la que nos interesa. Del disco emergen unas alas y, a partir de la V Dinastía, empezará a simbolizar al dios halcón Horus.

¿VEHÍCULO SOLAR?
La evolución de barca a disco solar, siempre en el terreno de la hipótesis subjetiva, pudo realizarse por comparación entre un vehículo aeronáutico y el mismo Sol, astro que representaba más claramente que una barca el viaje aéreo. O bien, rizando el rizo, por semejanza a los platillos volantes que, si lo miramos bien, tan extraordinario es que existan ahora como hace miles de años. De ello hay también testimonios pero, por el momento, eso es otra historia. Lo que ahora nos interesa es olvidar, siquiera brevemente, lo que la ciencia oficial nos cuenta, y pensar que el disco solar alado no es una representación del dios Ra, sino cualquier otra cosa. En la mayor parte de las tumbas se han encontrado textos de libros sagrados, en forma de papiros desplegados por techos y paredes. Y es precisamente en la tumba de Ramsés Vl donde más profusión alcanzan. Escritos y escenas del Libro de las Puertas, del Libro de las Cavernas, variantes del Libro de Amduat, capítulos del Libro de los Muertos y el Libro de la Vaca Celeste. Y en la sala del sarcófago, el Libro del Día y de la Noche. Es obvio que estas inscripciones no fueron realizadas precisamente para que las vieran los turistas del futuro. Las medidas de seguridad adoptadas para salvaguardar las criptas de los violadores de tumbas así lo atestiguan. Una parte esencial de los papiros del Libro de los Muertos consiste en hechizos y consejos para ayudar a los difuntos. Las inscripciones nos indican que las almas de los difuntos viajaban al lejano país de Amenti, situado al oeste, de donde provinieron los dioses o viajeros primigenios y en donde resucitarían cuando llegase el momento. Tales creencias estaban ya desvirtuadas por el tiempo. Los egipcios pensaban más en un retorno corporal que en una segunda vida espiritual, y ello llevó consigo la aparición de una liturgia en torno al viaje de después de la muerte, con toda su parafernalia de momificaciones y cuidados más del cuerpo físico que del alma.
CUERPO Y ESPÍRITU
Los textos descifrados en torno a sus creencias nos indican que, cuando el dios Khnum creó al hombre, le dotó de dos partes: el cuerpo y el espíritu, el Ba y el Ka. El Ba es mortal, y el Ka es eterno. El Ka es una especie de doble y se manifiesta en forma de fuerza, adquiriendo vida en el momento en que nace el ser humano. Aparte del Ka, todo ser humano posee un Ba, que podría identificarse con la conciencia, con la psique y con el bagaje de informaciones que posee. Al morir el cuerpo, el Ka se une al Ba en algo indisoluble. Y los antiguos egipcios llegaron a creer que el cuerpo era necesario para la resurrección del Ka. La mayor parte de los textos sagrados ilustran el viaje del Sol, o del disco solar alado, al mundo subterráneo. El libro más antiguo es el de Amduat, cuya traducción es Libro del que está en el Más Allá. Se trata de una guía que ilustra las regiones que atraviesa el Sol durante su viaje nocturno hasta el nuevo amanecer. La noche está dividida en doce regiones, habitadas por difuntos bienaventurados o condenados. A partir de la hora décima, de la décima región, se prepara el renacimiento que se efectúa en la duodécima cuando el dios, transformado en escarabajo, es dado a luz por la diosa del cielo Nut. No es de extrañar, por estos textos, que aquellos hombres interpretaran el viaje como algo material. En los alrededores de tumbas y pirámides se han encontrado numerosas barcas que dan fe de esta creencia. Lo curioso es que las creencias sólo se aplicaran a los faraones, y que sólo a ellos se momificara esperando su resurrección en las primeras dinastías. El faraón, como los visitantes del pasado, efectuaba ciertos ritos de vuelta o de ida a algún sitio que era ya desconocido. Pero las creencias religiosas empezaron a transmitirse -faltas de conocimiento y significado – como dogma, sin el sustento real que antaño las acompañaba. Ya sólo quedaron los conceptos; no hay que olvidar que estamos hablando de un pueblo que estaba pasando de la Edad de Piedra a la del metal. Las ideas eran transmitidas oralmente. No es difícil suponer las dificultades de aquellos hombres para interpretar textos de hacía cientos o miles de años. Posiblemente, llegaría un momento en que los conceptos continuarían transmitiéndose, pero ya sin entendimiento. Lo mismo debió pasar con los conocimientos científicos. El pueblo egipcio no era tan docto como se supone: lo formaban agricultores y ganaderos. El saber se concretaba en muy pocos individuos. PROBLEMAS IRRESOLUBLES
Sin embargo, de sus universidades mamaron los que serían sabios en Grecia, y sus cálculos dejan en pañales a nuestros científicos de hace tan sólo 500 años. De todos modos, sus conocimientos no deben compararse al nivel alcanzado por nuestra civilización, puesto que en muchos aspectos su evolución fue radicalmente diferente. Hemos coincidido en la predicción de eclipses y solsticios, en el número de oro, en el paralelepípedo isíaco o el número pi, pero ¿y en otras evoluciones? Todo lo que nos rodea nos ofrece suficientes elementos de juicio como para tener que admitir con humildad nuestro desconocimiento. Nuestra ciencia no puede, con los medios actuales, resolver problemas que hace milenios tenían solución, como el movimiento de bloques de piedra de más de mil toneladas, o el trabajo del granito con cinceles de cobre; el Museo de El Cairo está repleto de objetos de difícil o imposible manufacturación. La hipótesis que indica que religión y ciencia tenían un mismo origen explicaría por qué en tiempos remotos existieron una ciencia y unas técnicas asombrosas, algunos de cuyos restos -denominados ooparts por los expertos- han llegado hasta nuestros días. Desgraciadamente, ese saber recibido de los dioses quedó en cierta medida olvidado. Faltaron hombres capacitados para perpetuar los secretos. O quizá, si los dioses vivieron también pudieron morir, y con puede ser el ciclo de la Luna menguante, ellos gran parte del progreso. Pero también pudo haber un grupo de individuos, como han existido posteriormente a lo largo de la historia, poseedores del saber oculto, capaces de interpretar los escritos antiguos y que, incluso, se hallaban separados, por lo menos ideológicamente, de los soberanos y sacerdotes que caminaban por el sendero de la involución. La escritura, descifrable o no, está ahí. En la tumba de Ramsés Vl aparecen unos textos que, posiblemente, cayeran en manos de los sacerdotes de dicho reinado. Pudiera ser que siempre hubiesen estado en manos del clero y quizá alguno de ellos intuyó su importancia, o alguien ajeno les iluminara. En reinados anteriores y posteriores a este faraón, los conceptos fueron dogmáticos. La relevancia de esta tumba estriba en que la sala anterior a la última morada del faraón refleja una información que, más cercana a la ciencia ficción que a la realidad, relata algo tan lejano en el tiempo como cercano a experiencias actuales. Teorías y experiencias de hoy escritas hace miles de años. – La creación del disco solar es la representación del del nacimiento del Sol, que después de la noche inunda
Esta aclaración de los guías quedaba lejos de lo que revoloteaba en mi mente. En uno de los dibujos (foto 2) dos mujeres sostienen entre ambas un disco redondo. Su expresión es dulce y uno de sus brazos se aproxima hacia él, casi tocándolo. ¿El Sol se puede tocar? Esta idea tan absurda no lo es tanto si consideramos que pudiera no ser el Sol, sino algo cargado de una energía que podría transmitirse usando nuestras extremidades como hilo conductor; o interpretando en el disco un conocimiento al que se intenta acceder del mismo modo. Esto no es nuevo: una hipótesis aceptada para dar explicación a las curaciones misteriosas reside en la imposición de manos. El cuerpo es un campo magnético y nuestras neuronas están recorridas por corrientes eléctricas.
DOS OBJETOS MISTERIOSOS
Otra importante imagen del disco solar, esta vez aparentemente doble, aparece en un ángulo del techo (
La cosa puede ser más simple: un objeto del que se ve la parte de delante y la parte de detrás o, como ocurre con los bisontes de Altamira, dibujados con ocho patas para simular movimiento, pudieron haber pintado dos discos para dar a entender un movimiento de ascensión.
Mirando el disco horizontal y no verticalmente, dos personajes aparecen en escena. Muestran dos cosas: sus sonrisas y unos objetos que portan con sus brazos sin llegar a tocarlos. Estos objetos merecen especial atención. De los muchos símbolos de Egipto existen dos cuyo significado auténtico no ha averiguado nadie todavía: los denominados Signo Tit y Pilar Djed (foto 3). Nadie sabe qué son, o nadie se atreve a decirlo, porque lo que parecen es increíble. La forma del Pilar Djed recuerda los aisladores de vidrio de los postes de luz que sustentan cables de alta tensión. Su configuración está dispuesta como los cilindros de un motor refrigerado por aire. Y este objeto difiere en su terminal de los que aparecen junto a los dos hombres. ¿Qué pasa cuando añadimos al pilar Djet una prolongación con el signo Tit? Salvando la deformación sufrida por el paso del tiempo, es lo que parece que llevan nuestros personajes, explicando por qué está más iluminado el objeto del primer plano.
A Alejandro Volta se le atribuye la invención de la pila eléctrica en el año 1800. Sin este descubrimiento, la humanidad no hubiese sabido nunca lo que eran unos objetos cilíndricos encontrados por Wilhelm Koenig, ingeniero alemán, cuando en 1938 efectuaba obras de alcantarillado en la ciudad de Bagdad. Los objetos fueron catalogados como pertenecientes a la dinastía de los Sasnidas, reyes que gobernaron en el siglo III de nuestra era. Otro científico, Willy Ley, construyó un duplicado del objeto en el laboratorio de la General Electric e introdujo en la vasija sulfato de cobre y ácido acético o cítrico, conocidos en la antigüedad. La pila empezó a trabajar. Otros objetos similares se han encontrado en Tell Olar y en Ktesifon (Turquía), datando estos últimos del siglo X a. de C. En una sala subterránea del templo de Dendera, a orillas del Nilo, hay varios bajorrelieves que parecen representar, con todo lujo de detalles, bombillas. En algunas galerías subterráneas de pirámides y tumbas no se han encontrado restos de humo en el techo por ignición de antorchas o candiles. Siempre se ha intentado explicar esto con la teoría de los espejos reflejados entre sí, pero es fácil comprobar que la luz del sol rebotada, en la tercera o cuarta inflexión, es inoperante. Sujetando dichas bombillas, o actuando como aislante o suministrador de energía, aparece el pilar Djed. Una fuente de energía unida a una lámpara, el signo Tit, parece ser lo que portan los personajes del dibujo: una linterna en cuya bombilla aparece el mismo filamento que ya conocemos. De haber existido, resolvería los misterios referentes a cómo iluminaban los antiguos egipcios el interior de ciertos pasadizos y cámaras interiores. Sin embargo, carecemos de pruebas.
LA LINTERNA PERDIDA
¿Conocían la electricidad? A mediados del siglo pasado, Augusto Mariette encontró en los alrededores de Giza unas piezas cubiertas por una finísima capa de oro. Ese tratamiento de chapado sólo es posible con la utilización de baños electrolíticos. No han sido hallados aún los aparatos que sirvieron para estos baños pero, aunque tengamos que dejar en cuarentena estos conocimientos, no podemos quitarnos de la cabeza la posibilidad de que algún día pudiera encontrarse enterrada alguna linterna o lámpara que funcionara por electricidad, y sólo entonces nos diríamos que aquello era realmente lo que parecía. Y seguiríamos reconstruyendo la historia de la antigüedad afirmando que un día la pila se agotó, o se rompió por una caída, y el objeto pasó de ser uno a ser dos. Y que la tradición fue transmitiendo su forma hasta que llegó un momento en que ya no se supo qué era. Pero seguía representándose en grabados porque la tradición los consideraba objetos valiosos, provenientes de dioses y, por tanto, sagrados. Más adelante, sobre un fondo azulado, unas figuras evolucionan en distintos planos. Primero (foto 4) adoptan una posición casi fetal, que puede interpretarse como de nacimiento o, lo que es lo mismo, de iniciación. Sus rostros expresan felicidad. Sus cuerpos están fuertemente atados con correajes. Su única libertad reside en la cabeza, en la mente. Y junto a ellos, unos discos o unas bolas redondas. Sobre las cabezas aparece una estrella unida, como hilo conductor, por algo que ilumina y crea un vínculo entre el firmamento y el entendimiento humano. Sus cuencas oculares están adornadas por el Ojo de Horus, dios del aire y del cielo. El grupo de figuras dirige su mirada a la izquierda, donde una deidad les da la bienvenida. Luego, girándose, les muestra una especie de habitáculos (foto 6) de recintos cerrados, que indican un aislamiento del exterior. Dentro, se produce un fenómeno. La persona allí introducida se desdobla, aparecen dos personalidades de un mismo ser. Actualmente se tienen evidencias de la bilocación de personas muy elevadas espiritualmente. Tampoco es nuevo el viaje astral, en donde el "yo" espiritual abandona el cuerpo físico. Esta dualidad se refleja en las inscripciones de la cripta. Ayer como hoy el doble, el Ka, y sus manifestaciones, eran la apertura hacia otros niveles de consciencia. Se piensa que estos niveles se alcanzan desde la más profunda instrospección. Anacoretas y eremitas han intentado encontrarse a sí mismos abandonando la presencia de sus congéneres y encaminando sus meditaciones a satisfacer sus metas espirituales. DENTRO DEL SERAPEUM
No obstante, en Egipto se puede tener la sospecha de que algo aceleró este proceso. Es gratuito afirmar que una estructura material pueda servir de catalizador de progresos intelectuales o espirituales, pero sí hay incógnitas en torno a ciertos restos: no se sabe a ciencia cierta para qué servía el sarcófago de granito, tosco y sin oropeles, de la cámara real de la Gran Pirámide. Tampoco para qué servía el Serapeum de Saquara. Pero sí sabemos que el sarcófago no se utilizó como ataúd, y que en los gigantescos sarcófagos del Serapeum no se enterró ningún buey Apis.
El profesor Ghoneim encontró en una pirámide de Saquara una sepultura con los sellos intactos: la pirámide de Sekemjet. Las joyas y enseres allí depositados se encontraban intactos. La prensa y las autoridades se dieron cita el día en que iba a descubrirse el interior del enorme sarcófago. Al levantar la tapa, encontraron que estaba vacío. El profesor Mariette fue descubriendo progresivamente lo que hoy conocemos como Serapeum. Adosados a varios pasillos se encuentran los 24 féretros de granito o basalto que miden cada uno 3,80 metros de largo, 2,30 de ancho y 2,40 de altura, a la que debe añadirse la tapa, de unos 60 centímetros. El espesor de sus paredes es de unos 42 centímetros. Se ha calculado que cada sarcófago (foto 7) pesa 70 toneladas, más 15 de la tapa. Casi todos los féretros estaban abiertos y vacíos, pero algunos estaban cerrados e intactos y hubo que utilizar dinamita para abrirlos. Cuando el polvo se disipó, se vio que dentro había... aire. Otros sarcófagos han sido encontrados sin nada en su interior. La arqueología explica que la pirámide, las joyas y el ajuar funerario eran un mero simulacro de sepultura y, por razones de seguridad, se enterraba la momia en otro lugar. Pero esta teoría no convence a nadie: el Serapeum está datado en la época Ptolemaica griega, porque uno de los féretros -sólo uno entre 24- tiene unas burdas y precipitadas inscripciones de esa época. Pero otros son mucho más antiguos. Tan ciclópea obra debería haber sido datada por sus constructores; pero, como ocurre en las pirámides de Giza, nada puede indicar su antigüedad. Hay otros elementos que producen estupor en el Serapeum: varios agujeros en la roca, perforados milimétricamente, que parecen realizados al azar. Se encuentran en los laterales, en la tapa y en los lugares más insospechados. ¿Cuál podría ser el motivo de su presencia? Hay una explicación, aunque suene descabellada: recordé una reparación que una vez efectué con unos amigos en un destartalado coche. Compramos una biela nueva para sustituir otra que estaba dañada, y vimos que pesaba algo más que las restantes. El mecánico hizo unas incisiones con una broca, para aligerar el peso y equilibrarlo con el de las otras. Esta idea no servía para interpretar el Serapeum, ya que uno no puede imaginarse los sarcófagos girando sobre un hipotético eje. De todos modos, un mecánico me informó que esas incisiones también se hacen en el bloque y la culata del motor para evitar, precisamente, un movimiento desequilibrado. Sólo faltaba hallar una energía y, lógicamente, un propósito. Hasta hoy sólo se han realizado estudios incipientes sobre la energía piramidal, que se desconoce casi por completo, y no sabemos nada de otras posibles energías que pudieran generarse o acumularse en los tanques del Serapeum. El Serapeum se halla situado entre las pirámides de Giza y de Saquara, pudiendo existir en él algún tipo de canalización de las energías captadas por ellas. No sería nada extraño, pues aparatos como el Arca de la Alianza o el Templo de Melitta nos hablan de otros mecanismos en la historia con poderes energéticos. PROCESOS DE TRANSMUTACIÓN
Las hileras de sarcófagos, que parecen dispuestos en serie (foto 5), nos dan una idea sobre su posible funcionamiento. Junto a ellos puede verse una barca solar. Dos sirvientes acompañan al dios León, que está dentro de un espacio cerrado. La serpiente, símbolo esotérico de la sabiduría y la energía, no sólo rodea al dios, sino a todo el recinto, atribuyéndole un determinado poder. Aquellos seres que miraban anteriormente a los habitáculos se han transmutado (foto 8), han adoptado otra apariencia. El disco que les acompañaba al lado ahora está situado en la cabeza, sustituyéndola. ¿Qué ha pasado? Quizás, tras el paso por el catalizador, se ha conseguido un propósito conciso. En el Museo de El Cairo, esculpidos en una losa, aparecen Akenaton y Nefertiti junto a sus tres hijos. Los cráneos de los niños parecen deformados, y recuerdan algunos cráneos incas del Museo de Lima. Se han barajado numerosas hipótesis sobre este hecho, pero no ha llegado a demostrarse que tal deformación facultara a los sujetos para adquirir conocimientos vedados a los occipitales normales. Por otro lado, el hombre siempre ha buscado identificarse con la divinidad, incluso adquiriendo formas propias de ésta. Las figuras adoptaron la forma de "cabeza redonda" en clara semejanza con las pinturas del Tassili. Los antiguos pobladores del Sahara pintaron en sus cuevas unos seres con unas formas y atuendos más propios de la carrera espacial del siglo XX que del hombre primitivo. El Sahara no está muy lejos de Egipto. Cabe pensar que los antiguos egipcios vieran también descender a dioses de escafandra, dotados de unas máquinas y de un saber prodigiosos; y que persistieron en intentar compararse con ellos y comer el fruto del árbol de la vida. Y no hay que dejar de lado otra posibilidad: que la evolución realmente se cumpliera, llegando con ello a asemejarse con sus superiores y a adquirir su aspecto real o imaginario.
CERCA DE LOS DIOSES
La teoría de que los egipcios pintaban cabezas redondas sólo como boceto inicial no nos vale. En un lugar de la cripta aparecen bien diferenciados los "cabezas redondas" de los humanos de a pie. Los egipcios sabían perfectamente concretar una idea: si pintaban a alguien con cabeza en forma circular era porque querían exponer precisamente eso. Es lógico pensar que, si el mayor conocimiento se le atribuye siempre a los dioses, los iniciados estarían más cerca de ellos, e incluso intentarían diferenciarse del resto de los humanos. Y puede ser que los demás les vieran de ese modo. Más aún cuando habían realizado, con mayor o menor éxito, experiencias heredadas de los mismos dioses, que alguna vez se introdujeron en un sarcófago para realizar un viaje que tenía que ver con el viaje de los difuntos de dinastías posteriores.
El caso es que los iniciados, una vez adquirida su forma de pseudodioses, comienzan una peregrinación. Estos seres ya no tienen encima una estrella, pues han conseguido la iluminación. Y llegan a una barca solar, formada por una serpiente que representa energía vibratoria que, si en este caso no tiene alas, en cambio está decorada con dibujos representando estrellas que le confieren un carácter cósmico. A la izquierda de la barca solar hay un objeto redondo, diferenciado: un disco amarillo del que emergen el todo y el escarabajo. Si anteriormente la barca solar era la evolución del disco solar alado, ahora existe una diferencia. La barca de los dioses si era el disco solar alado, pero esta barca ya no es de los dioses: ahora asume condiciones humanas: la proa y la popa albergan dos cabezas. La mente es lo que rige el saber, la conciencia. Esta barca solar ya no trata sobre un viaje real, sino que evidencia la transmutación espiritual. En la quilla aparece el Ojo de Horus, como analogía con el firmamento, y está orientada por la pluma de la diosa Maat, la verdad, Dios mismo. No podemos concluir esta exposición sin resumir dos aspectos básicos. Primero, la ciencia perdida, posiblemente anterior al propio Egipto. Segundo, la parte de esa ciencia que llegó, transformada por el tiempo, a los egipcios. Tenemos un dibujo con un disco solar volador del que emerge la cabeza de Horus, como referencia a objetos tripulados por dioses venidos de otros lugares. También tenemos en el techo de la tumba otro disco, pero esta vez tripulado por un hombre que quiso ser como la deidad. En este caso, su semblante es de preocupación por los peligros que esta iteración supone. En otro ángulo y en otra escena aparece lo que pudiera ser la clave: es un ser en una nave, pero no es un personaje corriente. Los egipcios no pintaban a las personas con la cara de frente, sino siempre de perfil. Este no debe ser, o no se le considera, humano. Con la mano izquierda se coge los genitales mientras se lleva el dedo índice a los labios. El mensaje es claro: los genitales representan la reproducción, la transmisión. Y el índice en los labios es el signo universal del silencio. Un ser de otro lugar, montado en una nave, nos dice que guardemos silencio sobre la transmisión. Que los que saben, callen. La idea del oscurantismo viene de antiguo, debiendo quedar el saber hermético.
UN SECRETO MILENARIO
No muy lejos de este extraño personaje hay una nave rectangular con el emblema del disco solar. La última nave, la más cercana a la cornisa, tiene en su cubierta un sarcófago con alguien dentro. Si la barca representa el viaje, entonces tenemos a una persona que a través del sarcófago efectúa un viaje quizás a un origen, quizás a un estadio superior. Pero ¡silencio!, que no se sepa, nos indica el personaje. ¿Y si, a pesar de todo, se supiera? En las paredes de la segunda antesala está la peligrosa respuesta: arriba tenemos la creación del disco solar alado. Más abajo, siete naves tiran de una barca, dejando claro que la barca se refiere a una representación de algo que volaba. Y debajo, quemados también por el fluorescente, aparecen unos individuos sin cabeza, que los arqueólogos han interpretado como prisioneros. Mi opinión es que son descerebrados. Una mala utilización de algo oculto les anuló. Estas representaciones fueron creadas por unos hombres, hace tan sólo 3.131 años. Actualmente, la tumba de Ramsés Vl está cerrada al público. Pregunté a un inspector el motivo y me explicó que los relieves se estaban desgastando y cayendo pero que, de todas formas, había otras tumbas, mejores y más bonitas, abiertas en el Valle de los Reyes.
"Mejores y más bonitas". Puede ser, pero ¿serían igual de reveladoras?
Artículo realizado por Manuel J. Delgado y aparecido en la revista "Año Cero" en marzo de 1994
Fuente: http://www.geocities.com/Athens/Thebes/1340/18/18.html
SAHURE, CUANDO LOS HOMBRES NO PUDIERON IMITAR A LOS DIOSES.
SAHURE, CUANDO LOS HOMBRES NO PUDIERON IMITAR A LOS DIOSES.
Como todas las situadas en la zona arqueológica de Abusir, la Pirámide de Sahure, perteneciente a la V dinastía, es una construcción humana. Sin embargo, en su templo adosado los investigadores han observado el uso de técnicas propias de las grandes obras de Gizéh, aquellas erigidas por arquitectos de origen desconocido. Las similitudes entre Sahure y la Gran Pirámide han llevado a supones a los estudiosos que el templo de la primera perteneció originariamente a la segunda. Una vez más, la huella de los dioses siembra el desconcierto en la interpretación de la historia...
Las pirámides de Abusir se ven desde todos los lugares. Los millones de turistas que visitan Gizéh o Sakkara pueden divisarlas a lo lejos. Pero, aunque todos saben dónde se encuentra esta zona arqueológica, lo cierto es que sólo unos pocos han estado allí. Recortada en el horizonte, perdida en mitad de todos los sitios, sus piedras duermen el letargo del abandono. Es posible que fuera esa soledad lo que llevó a los faraones de la V Dinastía a elegir este lugar para elevar en él sus santuarios. Si fue así, consiguieron su propósito, ya que durante milenios solo los chacales perturbaron el silencio de Abusir, pues los saqueadores prefirieron profanar otras necrópolis más ricas y el viento fue amontonando arena sobre tan enigmáticas construcciones.
Son muchos los misterios que quedan por resolver en Abusir. El primero de ellos es evidente: veinte años después de haber erigido las de Keops, Kefrén y Micerinos, a los egipcios se les "olvidó" cómo edificar pirámides. La arqueología oficial explica este enigma de forma, cuando menos, poco convincente. Durante el reinado de estos monarcas de la IV Dinastía -dice-, el pueblo vivió oprimido por sus gobernantes, obligado a dedicar todo su esfuerzo en amontonar bloques en su honor. Posteriormente, con la siguiente dinastía, los trabajadores volvieron a sus quehaceres habituales, por lo que los nuevos reyes no contaron ni con la mano de obra ni con los fondos necesarios, que sus predecesores se ocuparon en derrochar. Una teoría que, como vemos, no termina de explicar lo sucedido hace más de 4.500 años.
¿ INVOLUCIÓN ARQUITECTÓNICA?
La perfección de las pirámides de Gizéh es de tal envergadura que, para acometer esta empresa, sólo puede pensarse en obreros especializados y no en cientos de miles de labradores privados de su forma de vida cotidiana. Veamos por qué. Los estudios realizados en los pocos bloques de revestimiento que quedan de la Gran Pirámide indican que sus seis caras, con más de 16 metros cuadrados de superficie, fueron terminadas con un error óptico de 0,05 milímetros por metro, lo que supone una perfección mayor que la conseguida en la lente principal del telescopio de Monte Palomar. Este ajuste óptico de caras y perfiles se realizó en los 27 000 bloques de revestimiento que conforman la obra. Es decir en Egipto se consiguió a escala industrial lo que nosotros no podemos realizar ni siquiera a nivel artesanal.
Por tanto, más que en labradores debemos pensar en una industria lítica imposible para unas gentes que sólo poseían herramientas de cobre y desconocían la rueda o la polea. Pero si algo contradice la teoría oficial es, sobre todo, la técnica aplicada en estas construcciones, que aún hoy resulta desconocida para la arqueología.
Si hacemos caso de las tesis oficialistas, por lógica deberemos pensar que es muy probable que los canteros de Abusir fueran los mismos -o sus alumnos- que los que erigieron las construcciones de Gizéh. Entonces, ¿cómo es posible que en tan breve período de tiempo perdiesen los conocimientos propios de su oficio?
Bien es cierto que, en lo que a los fondos y el tiempo necesario se refiere, no es lo mismo alzar una pirámide de 15 metros de altura que hacer una de 150 metros. Sin embargo, resulta lógico pensar que la pericia de unir dos bloques debería ser técnicamente la misma en ambos casos. Podríamos creer -como hace la arqueología oficial- que, efectivamente, los faraones de la V Dinastía no dispusieron de la mano de obra multitudinaria y los fondos con que se contó para los proyectos de Gizéh. Pero lo que resulta ingenuo es pensar que tampoco pudieron contar con los especialistas -y las técnicas utilizadas por éstos- encargados de erigir aquellas magníficas construcciones. Entonces, ¿cómo se explica que entre los bloques de Gizéh no quepa ni una cuchilla de afeitar, mientras que en los de Abusir (supuestamente inmediatamente posteriores) se puede introducir tranquilamente un dedo, cuando no la mano entera? No parece, cuando menos, lógico.
LA EXTRAÑA RELACIÓN ENTRE El TEMPLO DE SAHURE Y LA GRAN PIRÁMIDE
Userkaf, el primer faraón de la V Dinastía, inmediatamente posterior a los grandes reyes de la IV, se hizo construir su pirámide en Sakkara. Ninguno de los bloques de esta construcción -que carece de revestimiento alguno- supera la media tonelada y su altura debió resultar irrisoria para un pueblo que, supuestamente, había visto levantar las obras de Gizéh. A menos que el orgullo del faraón no se sintiera resentido por saber que, en realidad, las grandes pirámides no fueron alzadas por los egipcios.
Lo más significativo de las pirámides egipcias es el hecho de que, mientras en el interior de las construidas durante la III, V y VI Dinastía se han encontrado restos de ceremonias e inscripciones jeroglíficas que las sitúan en el contexto histórico del Antiguo Egipto, en las de la IV Dinastía no existe el más mínimo dato que resuelva su origen. Pero, además, dado su elevado nivel tecnológico, estas construcciones resultan absolutamente anacrónicas si hacemos caso de la arqueología oficial cuando asegura que fueron erigidas durante la IV Dinastía.
Desde hace tres años el Ministerio de Antigüedades Egipcias está efectuando trabajos de desescombro y restauración en Abusir. Todas las construcciones de la zona, realizadas durante la V Dinastía, no son hoy más que informes masas donde se mezclan la piedra y la arena y cuyos perfiles originales hay que "intuir". Todas menos el templo del faraón Sahure, adosado a su pirámide, que alberga otro de los grandes misterios de Egipto, pues presenta en su construcción elementos que resultan, una vez más, anacrónicos para la época en que supuestamente se erigió, elementos que, además, le relacionan con la Gran Pirámide.
En la Gran Pirámide los arqueólogos no han encontrado restos de templo alguno adosado a ella. Algo resulta inexplicable, pues el resto de las pirámides similares a ella -las de Snefru, Kefrén y Micerinos- sí los poseen. Es lógico suponer, por tanto, que Keops -supuesto artífice de la Gran Pirámide- siguiera la tradición de su padre. Por tanto, debió erigir, o apropiarse, de construcciones anejas a la pirámide destinadas a ser recinto de su propio templo. Pero de ello no queda rastro alguno. Pues bien, lo más probable es que parte de este templo se encuentre diseminado por otras construcciones del Antiguo Imperio y, en especial, en el templo de Sahure. Hay datos que así lo apuntan.
EL ARTE DEL EXPOLIO
Sahure debió expoliar el templo de Keops en beneficio propio. Y lo peor es que con ello instauró la costumbre de destruir construcciones antiguas para que sus piedras sirvieran a los futuros edificios, pasatiempo muy popular entre los faraones del Imperio Nuevo. Éstos, no contentos con tales tropelías, llegaron incluso a tachar el cartucho del rey constructor para poner encima su propio nombre y, con ello, reclamar la autoría de la magna obra.
A Sahure también se le debe el origen del gremio de los "chapuzas", críptica orden que se ha mantenido hasta nuestros días y que tiró por el camino de enmedio a la hora de ensamblar las piedras. Los arqueólogos egipcios han sacado a la luz lo que fue la entrada del templo de este rey, cuyos pasillos y principales salas se nos muestran tan sólo en sus primeras hiladas de bloques, ya que -justo castigo- el monumento sirvió de cantera a otros faraones que siguieron el ejemplo de Sahure con indudable sentido del humor.
Sus expolios consiguieron almacenar bloques de diferentes tipos de roca que fueron colocados siguiendo las instrucciones de un arquitecto seguramente ebrio. Algunos muros compaginan piedras de granito negro con caliza, adornados con incrustaciones de granito rojo. Los bloques, de distinto tamaño, configuran unas paredes precursoras del arte abstracto. Gran parte de los sillares se hallan labrados con muestras de su anterior utilidad, sirviendo sin embargo como dintel o para alojar una bisagra o cierre. Salvando estos pequeños detalles, el templo quedó concluido con unas cámaras las ofrecidas a su nombre, Sahu-Orión, una sala hipóstila realmente bella dedicada a su apellido, Ra-Sol
LA TECNOLOGÍA OUE VINO DEL ESPACIO
La importancia del santuario de Sahure radica en que incorpora bloques procedentes de la Gran Pirámide, el monumento atribuido a Keops que posee una tecnología no superada por ningún otro. En dos rocas de granito rojo que se encuentran una en la entrada original y otra en el pozo de la Cámara del Caos, hemos hallado unas perforaciones o trépanos, de unos 15 centímetros de diámetro, de imposible manufactura. Fueron estudiadas por Petrie, quien llevó unas muestras a Inglaterra para ser analizadas por el eminente petrógrafo Benjamin Baker, el ingeniero de la antigua presa de Assuán.
Realmente no son perforaciones, ya que el objeto que las produjo era un cilindro hueco que, tras introducirse en la roca, dejaba un tarugo en su interior que luego era roto por medio de un golpe. Lo singular es que podía apreciarse la capacidad de perforación y que ésta arrojó un resultado desconcertante. En cada vuelta, el taladro se introducía 2,5 milímetros; sin embargo, la dureza extraordinaria del granito rojo hace que, en la actualidad, con nuestra más moderna tecnología, las puntas de diamante sintético sólo penetren 0,05 milímetros por vuelta, 50 veces menos que lo logrado en la Gran Pirámide. El diamante posee una dureza 10, mientras que la widia (carburo de tungsteno) o diamante sintético tiene una dureza 11. No existe dureza superior de forma natural en todo el sistema solar. Sir Benjamin Baker calculó que la broca utilizada no podía tener una dureza inferior a 500. Un gran enigma estaba servido, un misterio para el que la Ciencia no tiene explicación posible, ya que no admite la existencia de herramientas procedentes de otro lugar ajeno a la Tierra.
En el templo de Sahure, una de las brocas tenía 15 centímetros de diámetro, igual que algunas de las muestras encontradas en la Gran Pirámide. Otros trépanos de este templo poseen 2, 3 y 7 centímetros de diámetro. En el tanque de granito de la Cámara del Rey de la Gran Pirámide podemos ver otras perforaciones realizadas con brocas de 1 centímetro de diámetro, que penetran en el granito con la misma facilidad que las grandes.
Es evidente que la increíble tecnología y conocimientos que poseía el pueblo egipcio en relación con la Astronomía, la Medicina, la Biología o la Geometría no pudieron ser adquiridos por su experiencia cultural. ¿Llegaron éstos del espacio?
ABLANDAMIENTO DE ROCAS
Pero los misterios del templo de Sahure no cesan con los trépanos. También se han encontrado en él muestras de ablandamiento de rocas, lo que constituye una prueba de que las piedras empleadas por Sahure fueron extraídas de la pirámide atribuida a Keops, pues esta técnica tan especial de manufacturación fue sólo detentada por el arquitecto de la Gran Pirámide. En la foto conseguida por mi colaborador Antonio Alvarado podemos ver -aunque no tan claramente como al natural- la huella dejada por un pie que correspondía al número 37 en roca de granito de enorme dureza. Es imposible que Sahure conociera estas técnicas, pues de ser así habría construido su templo de otra forma.
Sólo el estudio multidisciplinar de todas las ciencias podrá dar con las soluciones a los problemas planteados en el Antiguo Egipto. En el caso del templo de Sahure será la Geología quien tendrá la última palabra sobre lo que encierra el complejo. Afortunadamente son muchos los científicos que se están sumando al estudio de nuestro pasado con la mente libre de prejuicios y, con toda probabilidad -y a pesar del gran miedo que sigue existiendo a la hora de internarse en este mundo de lo desconocido, derribar barreras o pensar siquiera en la posibilidad de que otros seres del universo se hayan asomado a nuestro planeta-, serán ellos quienes vayan aportando los datos capaces de echar por tierra las teorías preestablecidas.
En el templo de Sahure hemos encontrado una roca muy singular. Constituida de una sola pieza, la mitad de ella es de granito rojo, la otra mitad de granito negro. Se trata de una piedra cuya existencia es imposible, pero que está ahí. Es lo suficientemente grande para ser observada por todo el mundo, pero lo bastante pequeña como para seguir siendo ignorada por los que creen que en Egipto ya está todo descubierto y... ¡explicado!
Articulo realizado por Manuel José Delgado y publicado en la revista "Más Alla" en su especial monográfico: "PIRÁMIDES DEL MUNDO" en Marzo de 1996. Fuente: http://www.geocities.com/Athens/Thebes/1340/10/10.html
DASHUR: EL ENIGMA MEJOR GUARDADO
DASHUR: EL ENIGMA MEJOR GUARDADO
El área arqueológica de Dashur es el lugar más apartado, inhóspito y abrumador del norte de Egipto. Allí la soledad se palpa en el ambiente y la respiración se hace pesada, más que por las altas temperaturas, por los milenios de historia que encierra este enclave. Sus construcciones son, como las de Gizéh, obras de una perfección inexplicable para la época en que supuestamente se erigieron -la IV Dinastía- y la más conocida de ellas, la pirámide acodada, es un laberinto prácticamente inexplorado. Pero, lejos de arrojar nueva luz sobre la sorprendente civilización egipcia, estas edificaciones, recientemente abiertas al público, prometen ser una fuente inagotable de nuevas preguntas sin respuesta.
El pasado 12 de Febrero el Gobierno egipcio decidió abrir al público el área arqueológica de Dashur.Hasta entonces se ubicaba dentro de una zona militar y los alrededores de sus monumentales pirámides eran testigos de las maniobras de adiestramiento de los soldados egipcios. Anteriormente los permisos para acceder a Dashur eran lentos y costosos. Había que convencer a tres ministerios de que las investigaciones no iban a deteriorar su patrimonio artístico ni a poner en peligro la seguridad de sus fuerzas armadas. En nuestro caso, tras conseguir las oportunas acreditaciones, las actividades siempre fueron seguidas de cerca por los inspectores de la Oficina de Antigüedades y, de lejos, por los prismáticos de los militares, preguntándose ambos qué se nos había perdido en aquel desierto abrasador.
A diferencia de otros lugares, en Dashur no existen árabes que persigan al viajero para venderle agua o chucherías, ni ningún parapeto que lo proteja de los rayos del sol. Tampoco carreteras. Sólo se puede acceder allí atravesando la base militar o desplazándose en jeeps por el desierto desde la carretera de Alejandría. Y el resultado viene a ser el mismo: llegar al lugar más apartado, inhóspito y abrumador del norte de Egipto. La soledad se palpa en un ambiente sólo vulnerado por el viento. La respiración se hace pesada, más que por las altas temperaturas, debido a los milenios de historia que encierra este enclave.
La información, proveniente de Egipto, afirmaba que Dashur podrá ser visitada por todos aquellos que lo deseen. Las compañías turísticas tendrán nuevos argumentos para agregar a la ya dilatada lista de destinos potenciales en el maravilloso país del Nilo. Las arcas del Estado se encuentran diezmadas a causa del terrorismo integrista islámico y las autoridades pretenden atraer turistas sacando a la luz reliquias del pasado. Son noticias que duelen. Primero fueron las momias, que quedaron así privadas de su lóbrego descanso para ser expuestas en el Museo de El Cairo. Después le llegó el turno a algunas tumbas del Valle de los Reyes y de las Reinas, que se abrieron al público tras retirar el polvo milenario que las recubría. Hoy le toca a Dashur. Y no por motivos de estudio o investigación, ni siquiera para mostrar al mundo el legado misterioso de su pasado, sino para conseguir dólares con que mitigar la deuda exterior.
Nos tememos lo peor, o sea, lo de siempre. Si respecto de las pirámides de Gizéh, los monumentos arqueológicos más estudiados, hay hoy más preguntas que respuestas, ¡qué no pasará con las de Snefru, tan alejadas de catalogación! Podemos imaginarnos las explicaciones que los guías realizarán sobre el lugar. Probablemente seguirán insistiendo en la función funeraria de las pirámides, en que para su construcción fue necesaria la participación de cientos de miles de obreros y en que estas construcciones son mudas.
Aunque, afortunadamente, también acudirán expertos que sacarán sus propias conclusiones. Los investigadores llevamos estudiando las pirámides del "padre" de Keops desde hace muchos años. Antes estuvimos solos, con el único ruido de nuestras propias pisadas, con la mínima luz de nuestras linternas y sin más planos que los que nosotros mismos levantábamos. Ahora, en Dashur, ya no tendremos que llevar cuerdas, pues los pasadizos se llenarán de escaleras y pasamanos. y, como ocurre en el caso de la Gran Pirámide, tendremos que solicitar permisos especiales para proseguir nuestros análisis por la noche, cuando los miles de turistas que diariamente recorren el monumento expandan sus algarabías en otros lugares menos solemnes.
LAS ENIGMÁTICAS CONSTRUCCIONES DE LA IV DINASTÍA
Dashur es un compendio de misterio. Según la arqueología oficial, allí empezaron las verdaderas pirámides. Tras las tentativas de Imhotep y su famosa pirámide escalonada dedicada a su rey, Zoser, las construcciones realizadas por Snefru, fundador de la lV Dinastía, fueron las primeras en tener sus caras rectas.
Por motivos desconocidos, los sacerdotes de las principales civilizaciones del pasado coincidieron en la forma piramidal para elevar sus monumentos al cielo. Pero en ese común acuerdo de estructuras, e incluso de proporciones, existe una clara diferencia que hace que las distintas pirámides repartidas por todo el mundo pertenezcan a dos grupos distintos: por un lado, las construcciones atribuidas a la IV Dinastía egipcia y, por otro, todas las demás. Las cinco pirámides más grandes de Egipto -las atribuidas a Keops, Kefrén, Micerinos y las dos de Snefru- plantean tantos enigmas que suponer que se sabe todo en cuanto a su técnica de construcción y el propósito de sus arquitectos es no atender a las evidencias palpables que proponen un origen sobrenatural a tales obras.
Es imposible que en tan sólo 25 años los arquitectos egipcios pasasen de las elementales construcciones de la III Dinastía a dominar la piedra de forma tan especializada. Es impensable también que 25 años después de Micerinos se les olvidara cómo edificar. No se entiende por qué estas cinco pirámides no tienen el más mínimo dato que señale su , procedencia, mientras que todas las demás -e incluso las tumbas contemporáneas- poseen su interior repleto de connotaciones a su cultura.
Admitir que Snefru, el teórico constructor de la pirámide de Meidum y de las dos pirámides de Dashur, en sus sólo 24 años de reinado, manejó, erigió y finalizó de forma tan extraordinaria la cantidad de 12 millones de metros cúbicos de piedra, es, simplemente, ingenuo. Resulta abrumador pensar cómo durante los 150 años de la IV Dinastía se iban a haber podido colocar, milimétricamente, cerca de 30 millones de metros cúbicos de piedra, aparte de otros misterios no explicados.
Tampoco se concibe cómo Snefru -si realmente fue él- eligió el árido desierto de Dashur para edificar sus pirámides, dejando libre la maravillosa meseta de Gizéh, que domina bella y perfectamente el delta del Nilo y las ciudades sagradas de Menfis y Heliópolis. La atribución de tan vasta obra a estos faraones se basa en meras suposiciones y en noveladas historias que conforman, desgraciadamente, la base en que se sustenta oficialmente el conocimiento del Antiguo Egipto.
¿QUÉ HACE LA TUMBA DE HETEP-HERES EN LA METRÓPOLIS OESTE DE LA GRAN PIRÁMIDE?
Veamos un ejemplo. El 3 de Marzo de 1927 el egiptólogo G. Reisner, bajo el patrocinio de la Universidad de Harward y el Museo de Boston, llegó al interior de una tumba que resultó ser de la esposa de Snefru, la reina Hetep-Heres. La apertura del sarcófago se vivió con gran excitación, aunque, como tantas otras veces, resultó que estaba vacío. Ningún cuerpo había sido depositado allí y la mastaba de tan ilustre personaje quedó archivada y olvidada. A falta de argumentos sólidos que expliquen el fenómeno de las tumbas vacías, la Egiptología ha formulado dictámenes como el del profesor Kurt Lange, que a continuación transcribimos: "...Sólo quedaba una hipótesis plausible. Al morir la reina en vida de su esposo, Snefru, fue enterrada en la tumba de éste, en Dashur, circunstancia de la que se aprovecharon seguramente los ladrones de tumbas. Llegó el día en que ya no pudieron ocultarle al nuevo faraón Keops que el sueño eterno de su augusta madre había sido turbado por los bandidos, y entonces Keops decidió que el cadáver fuese enterrado en otro sarcófago y colocado en un escondrijo de su propia pirámide (la Gran Pirámide). Nuevas ceremonias y nuevo entierro. Seguramente nunca nadie se atrevió a confesar al monarca toda la verdad La momia de la madre no sólo había sido profanada en la primitiva tumba y despojada de sus joyas, sino también robada, y seguramente destruida. En todo caso se ignoraba su paradero. El faraón nunca llegó a enterarse de la magnitud del desastre. Tuvieron que pasar 5.000 años para que encontrásemos la clave del enigma..."
Esta "reconstrucción histórica", aventurada en un principio como mera hipótesis, ha pasado a ser "verdad" y, a falta de otras evidencias, como tal consta en los anales egiptológicos. Pero lo lamentable no es sólo que se escondan pruebas, sino que se manipulen. Resulta escandalosa la historia que se han tenido que inventar para justificar otra realidad: que la madre de Keops tuvo una mastaba en la necrópolis oeste de la Gran Pirámide. Pero, ¿cómo es posible esto si, cuando murió su madre, Keops aun no era el faraón (se sabe que, cuando Hetep-Heres, Snefru aún vivía) y, por tanto, no pudo haber ordenado erigir tal monumento? Sólo este dato debería cambiar la historia de Egipto o, cuando menos, la referida a la IV dinastía.
La interpretación del profesor Lange quizá no sea la "única plausible" más aún cuando la explicación a los grandes misterios del Antiguo Egipto pasa por considerar como anacrónicas para su tiempo a estas construcciones, realizadas con una técnica que, por supuesto, nada tenía con las elementales herramientas de cobre usadas en la IV Dinastía .
La verdad es que las grandes pirámides estuvieron allí antes de que los egipcios tomaran razón de su propia identidad como pueblo, contribuyendo decisivamente a conformar su cultura posterior. En Dashur existen también otras edificaciones, las que los hombres construyeron, pero estas no fueron capaces de resistir de forma digna el paso del tiempo. Sólo las tres pirámides de Gizéh y las dos de Dashur han mantenido, pese a intentos por desmantelarlas, su primitiva gallardía.
LAS "OBRAS SAGRADAS DE SNEFRU"
Snefru no es un desconocido para la Arqueología ya que se han encontrado muchas estelas y representaciones de él. Quince estatuas y dos cabezas espléndidas de granito del faraón muestran su digno porte. Las excavaciones iniciadas por el doctor Achmed Fakhy y continuadas en 1947 por Abd el Salam Hussein cerca de las pirámides de Dashur, dieron como resultado el descubrimiento de un templo levantado por el faraón.
Cerca de 1.500 fragmentos de Bajorrelieves, así como una fabulosa estela de 6 metros, señalaban a Snefru como promotor de este santuario. El templo sigue allí o, mejor dicho, sus restos, pues de él sólo quedan en pie un par de hiladas de piedras. Sin embargo, esta construcción nada tiene que ver con la pirámide a la que se encuentra adosada: casi cuatro millones de metros cúbicos de piedras dispuestas en bloques perfectamente conjuntados y cuyo revestimiento puede aún contemplarse en su parte superior.
No cabe duda de que Snefru realizó sus ceremonias en este templo situado junto a la pirámide de Dashur, lo mismo que hicieron Micerinos, Kefrén y Keops en las de Gizéh. Estos faraones se apropiaron de las edificaciones que hoy llevan sus nombres, ya que en ninguna de ellas se ha hallado el más mínimo vestigio -ni inscripciones, ni bajorrelieves- que apuntara a estos monarcas como constructores de las mismas. Y es que las pirámides se han datado en una fecha que no se corresponde con la realidad, explicándose su construcción como obras funerarias aunque jamás se haya encontrado en ellas resto alguno de enterramiento.
Desgraciadamente, al desconocimiento histórico se ha venido a sumar, en muchas ocasiones, una ignorancia arquitectónica que ha impedido entender las claves de la ingeniería aplicada por los egipcios. De este modo, son numerosas las obras donde se explica que Snefru, cuando su pirámide estaba apenas medio construida, decidió abandonar la primitiva angularidad y acogerse a otra más adecuada para.. ¡ahorrarse material y acabar con mayor rapidez! Sin embargo, el estudio trigonométrico de las medidas de su pirámide acodada demuestra que en ella se emplearon dos ángulos sagrados: el de Isis (lados 3 y 4 con hipotenusa de 5) y el llamádo ángulo Fi, el número áureo empleado como canon de proporciones en todas las culturas.
Vemos, por tanto, que los diseñadores del monumento no dejaron nada al azar. Sus propósitos fueron muy concretos y el rediseño de la obra se ajustó milimétricamente a la concepción original. La única forma de comprender su significado es abandonar las ideas preestablecidas y asumir que, en realidad, no nos estamos enfrentando con la " loca vanidad" de unos reyes, sino con el planteamiento cósmico de unos seres avanzados que construyeron las pirámides, dejando en ellas huellas de unos conocimientos que sólo ahora empezamos a considerar.
EL VIENTO QUE LLEGÓ DE NINGUNA PARTE
Quien haya recorrido los alrededores de esta pirámide acodada habrá sentido el temor de enfrentarse con lo desconocido. En la solitaria planicie de Dashur, cualquier movimiento tiene su respuesta sonora en el eco amplificado que expande esta construcción majestuosa e inexcrutable que se muestra remisa a mostrar sus intimidades. Desnuda de cualquier ornamento, sus severas proporciones demuestran la solidez más compacta que monumento alguno pudiera transmitir. Sus enigmas empiezan con la concepción de sus pasillos y cámaras, única en todo Egipto. Si los corredores de todas las pirámides tienen la orientación norte-sur, la acodada presenta dos orientaciones, a semejanza de los dos ángulos que definen sus caras exteriores.
La entrada original se eleva a unos diez metros del suelo de la cara norte. Cien metros de corredor de poco más de un metro de alto nos introducen en el subsuelo de la planicie por debajo de la pirámide. En su centro se ahueca una enorme galería vertical de casi doce metros de alto, a cuyos lados surgen otras galerías estrechas que no conducen -al menos que se sepa- a sitio alguno, así como una cámara vacía.
En la cara oeste, a unos treinta metros de altura, se abre otra entrada que da paso a un canal descendente en dirección este-oeste. Éste termina en un plano horizontal del que, a distintos niveles, pasillos y cámaras con una ignorada transcendencia. No existe ningún jeroglífico ni bajorrelieve. Sus paredes parecen estar vacías de significado. Algunos orificios de los pasillos dan paso a una serie de cámaras a las que sólo se puede descender desde el techo. Si alguna vez los hubo, hoy no quedan restos decorativos, salvo la piedra, pulida con toda pulcritud.
Los dos ejes interiores, el norte-sur y el oeste-este, están separados en su plano por 15 metros de distancia. En algún tiempo desconocido se abrió un túnel que los comunicó. Desconocido porque este canal no puede ser de la época de la construcción del monumento, ya que es fácil apreciar cómo fue excavado, lo que constituye uno de los grandes enigmas de esta construcción.
Cuando en 1839 el coronel Howard Vyse y su ayudante Perring exploraron la pirámide, advirtieron un fenómeno extraordinario del que dejaron constancia en sus crónicas. Los trabajadores árabes que contrataron para desescombrar los pasajes sufrían un intenso calor y molestias por la falta de oxígeno. Pero un día, súbitamente, una fuerte ráfaga de viento comenzó a silbar a lo largo de los pasajes. Cuarenta y ocho horas después - cuentan -, el aire cesó misteriosamente y nadie logró encontrar la clave del asunto. Un hecho que no es esporádico, ya que las dos últimas veces que nuestro equipo visitó el lugar tuvo ocasión de presenciar idéntico fenómeno, pudiendo constatar algo desconcertante. La ráfaga de aire sólo se produce en el canal que une los dos ejes y fluye con tal fuerza que es imposible encender una cerilla, aunque ese viento es imperceptible en los pasajes originales de la pirámide. La única explicación posible es que existan estancias y pasillos aún no descubiertos, con túneles similares a los canales de ventilación de la Gran Pirámide, capaces de "organizar" el trasvase de aire por el interior de la obra, lo cual supone un nuevo reto a la investigación.
UN RECORRIDO PLAGADO DE TRAMPAS
Es poco probable que las autoridades egipcias permitan el acceso al interior de las edificaciones de Dashur y, realmente, sería lo mejor, para evitar accidentes como el que le sucedió a Perring. En efecto, durante una de sus investigaciones en la pirámides acodada, este estudioso descubrió la existencia de varias trampas dispuestas en forma de losas que , al ser activadas por un mecanismo de presión, dejaba caer, de improviso, toneladas de escombros. Afortunadamente, perring se percató a tiempo de la presencia de estos artilugios y pudo colocar unos maderos que aún permanecen allí. No se sabe, eso sí, cuántas más trampas quedarán en la pirámide.
Pero todo parece indicar que, además de las trampas, que son muchas más las sorpresas que aún depara esta construcción , ya que la originalidad de sus pasillos y cámaras "habla" de una arquitectura desconocida para nosotros. Escalar diez metros hasta la entrada, recorrer cien metros en cuclillas, trepar por unos andamios carcomidos hasta llegar a un acceso situado encima de una gran galería de doce metros de altura, arrastrarse por un conducto de quince metros para acceder a un pasillo repleto de trampas, pozos y desniveles de varios metros... no parece, en principio, un recorrido muy turístico. y, por supuesto, es difícil imaginarse unas exequias del faraón cuyos restos hubieran de ser llevados a través de tan peligroso itinerario por una comitiva de sacerdotes y familiares que, probablemente, pensarían en que esta tumba, más que la del rey, podría ser la de ellos mismos.
Dashur pudo ser una necrópolis en el más remoto pasado egipcio, pero no cuando se erigió. Se trata de un enclave condenado hasta la fecha -debido a la clausura militar a la ignorancia, pero es muy probable que su categoría sea similar a la de la meseta de Gizéh. Las junturas de sus bloques, los enormes monolitos que sustentan su interior, su revestimiento final y su ubicación parecen responder a una tecnología sofisticada. Habrán de pasar varios años hasta que se pueda rendir a sus arquitectos -probablemente los mismos que levantaron la Gran Pirámide- el homenaje que a buen seguro merecen. Hasta entonces, el silencio seguirá presidiendo Dashur, violado por los turistas e investigadores que, ante tan enigmáticas construcciones, no cesamos de elevar nuestra vista al cielo en busca de respuestas.
Articulo realizado por Manuel José Delgado y publicado en la revista "Más Alla" en su especial monográfico: "PIRÁMIDES DEL MUNDO" en Marzo de 1996.
Fuente: http://www.geocities.com/Athens/Thebes/1340/13/13.html