El luto vendría después...
Abrió el cajón de la cómoda y con la mano contraria a la del reloj sacó un trapo seco. Comenzó a frotar sus zapatos, mitad blancos y mitad negros, a caballo entre unos zapatos de gala y unos beisboleros. Llevaba una doble lazada, como asegurándose de que no se iban a desatar por nada del mundo. Se puso en pie. Estaba preparado. Se anudó la corbata. Llevaba una camisa blanca impoluta y unos pantalones grises que, según él, eran "ideales para la ocasión" y es que no cogió los blancos porque ...
