Osito Pipo
Porque, aun de peluche, tenemos nuestro corazoncito
Dolor de oídos
Cómo gritaba el pobre P.
Su padre ha venido corriendo dándose contra las puertas y paredes de la casa, medio dormido y sin gafas. Casi se mata. Al final ha llegado hasta donde estábamos nosotros y ha tratado de calmarle. Sin mucho éxito. Cuando P. grita, grita de verdad.
Además no hay manera de entenderle así que con paciencia y mucho tiento al final, después de sospechar que se había dado un golpe porque pedía hielo (¡??), hemos podido saber que le dolía el oído.
Chute de Dalsy, caricias en la cabecita y mi espachurramiento contra su oreja... y P. ha cogido de nuevo el sueño. Y con él, toda la familia. Esta mañana estaba como una rosa... es lo que tiene estar todo nuevecito, casi recién salido de fábrica.
Seguiremos informando...
