Empatheia
¿Qué harías tú en su lugar?
19 Nov 2008
Cínicos contra guerreros
Nací con tinta en mis venas. Cada vez que mis torpes movimientos de infante llevaban mis huesos al suelo, derramaba un chorro sintáctico de palabras. Crecí y con el tiempo el número de frases que recorrían mis entrañas, recubrieron lo más profundo de mi corazón. Fue entonces cuando decidí dedicar el resto de mi vida a las letras, que con su certero filo me habían convertido en letraherido.
Cuando me fue posible, ingresé en la carrera de periodismo donde en pocos meses soterraron todos mis sueños y llenaron su hueco con falsas palabras. Fue una nefasta transfusión: llenaron de sangre mis venas, mientras mis queridas palabras iban siendo drenadas para acabar vertidas en la tierra. Sin embargo, no perdí la esperanza porque que me considero un guerrero; un guerrero armado con pluma y con venenosas palabras punzantes.
¿No tengo cabida en el periodismo de los cínicos? No me interesan las frases ligeras de las agendas políticas, quizás porque me irrita la parcialidad de los periodistas españoles. No estoy a favor, ni en contra de estar a favor, y este estigma de imparcialidad, me deja fuera de las redacciones. Para ser periodista hay que encontrarse en uno de los polos políticos de la democracia española. Quien no juega, está fuera.
Es por eso por lo que la gente deja de leer la prensa. Los ideólogos del periodismo del siglo XXI han errado en sus profecías y han llevado a todos los periodistas un sumidero. Cada vez más, los ciudadanos están dejando de creer en nosotros. ¿Para qué quiero hablar si mis palabras no van a ser escuchadas?
“Los cínicos no sirven para este oficio” sostiene un libro de Kapuscinski. Sin embargo, es precisamente el cinismo el que mueve las plumas de los periodistas. Se nos educa en el pensamiento de escribir para el lector, escribir lo que les gusta leer al público. Pero debemos, más bien, escribir por el público y permitir que sus voces sean escuchadas por todos. Debemos hacer del periodismo un vehículo que transporte lejos y a todas partes la vox populi, el pensamiento del pueblo. Será entonces cuando nos lean porque se sientan representados en las páginas del periódico.
En este punto es donde conservo el último nexo que me liga al periodismo; y fue precisamente un periodista, Vicente Romero, el que me indicó al camino a seguir. Mientras el director del diario ¡Qué! Trataba de convencernos de que cada noticia debía “vencer al croissant del desayuno”, Vicente Romero nos dijo que lo que debe hacer todo periodista es “dar voz a aquellos que no la tienen”. Esto en el contexto de un congreso sobre lo que debemos y no debemos hacer los periodistas. Soy fiel seguidor de este sendero abierto, un camino que termina en un sentimiento de orgullo por haber encontrado mi lugar, dentro de este mundo cínico de periodistas, mi lugar como guerrero.
NOTAS FINALES: Entiendo al periodista que tras leer estas líneas trate de dignificar su profesión. A él: no existe la verdad absoluta pero sí la multiplicidad de opiniones. Este escrito pertenece a la segunda corriente.
Sobre este blog
Empatheia
David Nogales
Pasamos por el mundo con una visión rígida. Aprendemos muchas veces a través de opiniones ajenas no contrastadas. Hacemos imposible la vida a personas desconocidas. Somos esencialmente buenos pero prácticamente malos. Nunca es tarde para cambiar esa rutina. Aprendamos de las experiencias de los demás, no de sus opiniones. En este blog trataré de acercar vidas ajenas para facilitar el trabajo.
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5 comentarios · Escribe aquí tu comentario
psicosexo dijo
Buenísima reflexión. Por otros motivos que no vienen a cuento ahora me han hecho entrevistas varios periodistas de esos que denominan guerreros, que dan la palabra a los sin voz, pero a otros muchos les dije que no porque la propuesta que hacían o las revistas ya era buscando el morbo y la frivolidad. Otra cosa es lo de dejar de leer periódicos, creo que muchos nos hemos pasado del papel a la pantalla.
krisol dijo
Muy certero, como el golpe o la estocada, ha sido tu post.
Hace mucho que dejé de creer en los periodistas, ya ni me lo considero.
Así soy más feliz siendo lo único que importa. Siempre hay otras tribunas donde clamar.
raul dijo
Seré sincero. Admiro a los intelectuales que dedican su vida a averiguar los motivos por los que el periodismo no funciona, está mal visto o, directamente, no va (en España, al menos). La lista de autores es larga. Es más, creo que la facultad de periodismo educa (si lo hace en algún momento) a los alumnos a ser más críticos del periodismo que periodistas como tal.
¿Cuantas veces nos han dejado escribir una noticia? ¿Cuantas escribir un guión? Eso sí, la teoría se la saben de memoria, que si las 5W, que si la pirámide invertida... Criticamos, nos enseñan a hacerlo, pero no a ser periodistas.
Siento mostrar este sentimiento tan negativo pero no creo en la figura del periodista fabricado por la Universidad, creo en la del currante, del trabajador, el que se deja la piel buscando totales en la calle, hablando con vecinos y comiéndose la cabeza después en la redacción, el que aprende trabajando, el que dedica horas a escribir un titular que luego le borran, en definitiva, cagándola. Futuros periodistas del mundo salgan de las bibliotecas, de los despachos, de los libros y cojan un micro o una grabadora, salgan a la calle y pregunten, pregunten y pregunten.
ares dijo
Me ha encantado el post.
saludos
David Nogales dijo
Hasta ahora, lo que tengo claro es lo que no quiero, y es mucho más de lo que pueden decir otros. Prefiero una vida alejada de las letras que una como esclavo de los señores de la palabra.
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