A la sexta + 1 va la vencida
29 Jul 2008
...Y SOBREVIVO, A PESAR DE QUEMARME COMO UNA GAMBA
Han pasado varios días sin que me asomara al blog para dejar algunas palabras. Su motivo tiene. Recordaréis ese trucazo con el que tanto me explayé. Bien, pues no funcionó en el momento adecuado, bueno, en realidad, no lo seguí y el humo ha vuelto a filtrarse en mi sangre. De nuevo, un culetazo pone en peligro mi estabilidad pero no pienso cejar en mi empeño, voy a conseguirlo. Lo sé porque en está ocasión la tontería me está durando más de lo que en anteriores ocasiones y persiste en mi mentela idea de dejar este mal vicio.
Necesito un empujón un poco más fuerte para encarrilarme, este fin de semana no ha sido el mejor contexto para dejarlo. Por eso quiero compartir lo que me ha pasado para que valoréis.
Todo comenzó el viernes por la noche, había planificado un estupendísimo viaje con mi novia a la playa valeciana. Nos fuimos a Valencia por la noche en autobús. A partir de ese momento comenzó la pesadilla.
Para empezar, la mala organización de ALSA, provocó un retraso en la salida de la Estación Sur. El autobús no aparecía y los viajeros se desperdigaron por las dársenas en busca de su transporte. Cuando al fin apareció el coche pudimos comprobar que se trataba de un genuino troncomóvil y dejaba mucho que desear.
Arrancamos. El conductor nos torturó durante todo el trayecto con el mismo disco caduco de Luz Casal, además no funcionaban las luces, por lo que leer iba a ser imposible. Los asientos no podían reclinarse y el espacio entre uno y otro estaba diseñado para hobbits. A todo esto le tengo que añadir el olor a rancio que nos acompañó el todo el tiempo.
A las cinco y media de la mañana llegamos a Valencia, una hora y pico más tarde de lo que ponía en nuestros billetes. Por cierto, uno de los pasajeros desapareció en la parada de tres cuartos de hora que se marcó el troncomóvil. Quizás prefirió ir andando hasta su destino para ahorrar tiempo.
Nuestra siguiente mini-mission era llegar hasta la plaza de toros donde salía otro autobús con destino al camping en el que reposaríamos nuestro trasero. La caminata con mochila a cuestas duró unos cuarenta minutos, en principio poco tiempo pero teniendo en cuenta que tenía el cuerpo como si hubiese estado toda la noche de parada, el camino se me hizo eterno.
Cuando llegamos al lugar, una cola más grande que la del mítico anuncio de la ONCE nos estaba esperando. Allí esperamos otra hora más a que llegara nuestro transporte.
Al fin en el camping. Eran las nueve de la mañana y sólo pensaba en colocar la tienda para echarme unas horitas. Pero cuando todo estaba montado, el calor de la mañana había convertido el interior de mi tienda de campaña en un horno. En apenas dos minutos tuve la misma sensación que aquella vez que me metí un poco ebrio en una sauna. Nunca antes me había visto sudar de aquella manera. Salimos fuera, buscamos un rincón con sombra y entraron a escena los protagonistas indiscutibles del finde: los jodios mosquitos de las narices. Con su fina trompita nos troquelaron una y otra vez para impedirnos dormir.
De esta guisa sólo nos quedaba una cosa por hacer: ceñirnos el bañador y marcharnos a la playa.
Continuara...
Últimos comentarios
- La haine (El odio) 2 comentarios psicosexo krisol
- Cierre de una etapa 4 comentarios David Nogales krisol psicosexo mrivas
- El pastor de pájaros 4 comentarios David Nogales raul krisol psicosexo
- La caza del octubre flojo 3 comentarios psicosexo David Nogales krisol
- Se acerca el día D (De Dejarlo) 3 comentarios Viviana Mora David Nogales mrivas
Mis tags
Categorías
Buscar
Suscríbete
Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

1 comentario · Escribe aquí tu comentario
ares dijo
A mi cuando me pasan cosas de este tipo pienso que lo mejor es que lo hago porque quiero, aunque lo que te ha pasado a ti es tener muy mala suerte.
un saludo
Escribe tu comentario