A ras de suelo
31 Jul 2008
Corazones blancos, corazones negros
Con tu barbilla apoyada en la barandilla metálica, mirabas atento a aquellos niños blancos jugar al balón. A unos pocos metros de ti, yo observaba cómo tus grandes ojos negros seguían los torpes movimientos de aquellos niños blancos que daban patadas al sucio y maltrecho balón. Te dijeron que no podías jugar porque eras pequeño, lo escuché, pero ambos sabemos que no decían la verdad. No merecía la pena; lo hacían fatal. Tú eras invisible a los ojos de los blancos; yo también.
Me contaste cosas de tu país que apenas entendí, porque aún no hablas mi idioma ni yo el tuyo. Te conté aventuras de mi infancia que tampoco entendiste, pero que escuchabas con suma atención. Los columpios estaban mucho mejor que aquel campo de fútbol improvisado. Con tu dedo índice dibujaste en la arena lo que parecía ser la tierra que te vio nacer. Me fijé en que el sol que colocaste en tu dibujo era mucho más grande que el que pintan los niños aquí. Yo te dibujé un corazón bien grande, y me di cuenta de que hacía muchos, muchísimos años que no lo hacía. Supongo que era un corazón blanco, pero corazón al fin y al cabo. No se lo digas a nadie, pero sé de buena tinta que por dentro son absolutamente iguales.
Tenías sed, ambos teníamos sed, aunque no supiéramos realmente de qué. Bebiste tanta agua de la fuente, que temí que te ahogaras, o que te convirtieras en un dromedario. Yo no bebí, señal de que mi sed no era física.
Te puedo jurar que, aun habiendo nacido en esta ciudad, en la que ahora me siento tan extranjero como tú, no había pisado jamás las callejuelas por donde me condujiste. Tocaste con tus nudillos en un viejo portal, y tras la rendija que se abrió, aparecieron otros ojos tan negros como los tuyos. Tu hermano, que supongo que apenas tendría un par de años más que tú, me miró con desconfianza, como si yo fuese un ser venido de otro planeta. intercambiasteis unas palabras, que por supuesto, no entendí, mientras él no apartaba un sólo segundo sus pupilas de mí. No sé qué le dirías, pero su mirada cambió, creo que para bien. Del fondo del oscuro pasillo surgió, como una aparición, y dando saltitos de rana, una niña con trencitas muy apretadas. Te pregunté si era tu hermana; negaste con la cabeza y te llevaste con orgullo la mano al corazón. - ¿Tu novia? ¿No eres muy joven para tener novia? – Fue la primera vez que sonreíste en toda la tarde. Aquellos niños blancos enzarzados en una absurda contienda con un balón, y tú, que apenas levantas un metro del suelo…¡enamorado! Bien, eso está muy bien, y te felicito; la chica es preciosa. Entonces me diste varios golpecitos en el pecho al tiempo que ponías cara de interrogación. Claro está que no entendí lo que pretendías decirme; los mayores somos estúpidos. Al ver mi cara de desconcierto, cogiste mi mano y la pusiste sobre mi corazón, volviendo a poner la misma cara de interrogación. - ¡Ah! ¡ahora te entiendo! Sí, también yo estoy enamorado – Abriste los brazos de par en par, con las palmas de tus manitas hacia arriba y encogiéndote de hombros. Ya, ya nos vamos entendiendo, aunque sea gesticulando. – ¿Que dónde está? En mi corazón, pequeño, justo donde pusiste tu mano –
Fue entonces cuando desde el fondo del pasillo se oyó la voz de un adulto. Te encogiste de hombros, pusiste cara de velocidad, y los tres desaparecisteis tras un portazo. Volviste a abrir la puerta el espacio suficiente para señalar mi reloj, luego, la dirección del sitio en donde jugaban los niños blancos, hiciste un rodillo con tu dedo índice, y volviste a esfumarte tras otro portazo.
- Sí, amigo Naeem, allí estaré
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4 comentarios · Escribe aquí tu comentario
Ague43CR dijo
Hola Josebal: impactante fotografía de ese niño con ojos tristes. También es hermosa tu narración, no tan sólo por lo que narras..si no por el fondo que tiene. Aún hoy en día en nuestro país, que se jacta de ser uno de los más permisivos..aún podemos ver que realmente existe el racismo y lo que es peor, en unos niños que no miden ni medio metro. ¿De quién es culpa?. No quiero entrar en polémica, ni culpar a nadie. Supongo que algo tienen que ver padres, educadores y sociedad. ¿ Es mejor un niño blanco, que un niño negro?. Un niño siempre será un alma sin malicia, claro, hasta que los adultos hagamos de las nuestras en ellas. ¿Quién no se ha enamorado cuando es un niño?, bueno no es amor lo que en sí se siente, es una ilusión. El amor de verdad se conoce y se palma, lo malo es cuando lo tienes tan cerca y no lo puedes ni tocar. Cuando amas y notas que no eres correspondido...y ¿qué puedes hacer?, pues seguir con la cabeza bien alta y el corazón abierto, pues seguro que cuando menos lo espermos alguien entra de nuevo en él. Lo que está claro es que nunca olvidarás a ninguno de esos amores que tanto te hicieron soñar. Un beso.
Breda dijo
Me ha gustado mucho la foto. Tiene múltiples lecturas, tantas cómo quieras hacer. Efectivamente, estos niños vienen con sed; pero no sólo de agua. Quieren vivir su infancia, pero no les dejamos. ¿Y sabes lo peor? qué a los nuestros tampoco se lo permitimos.
Si los niños no viven cómo tal hoy, ¿qué clase de adultos serán mañana?
Un beso.
mamanona dijo
divino simplemente divino...corazones negros ,corazones blancos son corazones de un mismo color sin diferencias
maripaz dijo
Preciosa fotografía, sobre todo los ojos de ese niño que dicen tanto.

Preciosa historia tambien. da mucho en que pensar.
Besos
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